
Para comenzar, salimos del colegio y viajamos en micro, siendo testigos de como se va degradando santiago en terminos de calidad de barrio. Llegamos alla y inmediatamente me sumergi en el ambiente que se respiraba ahi, caminando por el pasillo empeze a ver a los ancianos moribundos en sus camas y despues llegamos al salon principal donde estaban muchos ancianos sentados en sus sillas de ruedas mirando y contemplando. Quizas que reflexiones, lamentos y arrepentimietos pasaban por sus cabezas. Nos vieron y inmediatamente experimente en algunas miradas agradecimiento y descontento en otras.
Cada uno de mis compañeros se acercaron a un anciano y yo estube un buen tiempo petrificado como una estatua asimilando la realidad en la que estaba ensimismado, observe que habian varios compañeros conversando con ancianos dulces y dispuestos a compartir, yo me acerque a uno que estaba aislado de todos los otros con cara de desprecio y inconformidad, lo que me produjo intriga y curiosidad. Fui y lo salude tendiendole la mano, gesto que no tubo respuesta, lo unico que hizo fue mirarme con cara de que no quiere la cosa, cojì una silla y le pregunte si le molestaba mi compañia , no respondiò, me sente al lado de el y entendiendo que no queria compartir nada conmigo, me senti inutil, y ahi figuraba yo sentado al lado de el adoptando poco a poco su misma cara de amargura. Estube ahi un buen rato hasta que tome conciencia que estaba siendo un tanto inutil, por mas que en mi cuerpo por dentro estaba comprendiendo muy bien el objetivo del paseo, no lo estaba demostrando en actos, entonces, me pare y me puse a conversar con otros ancianos, que apasiguaron un poco mi pena.
Luego llego la hora de la comida y todos estaban comiendo, menos este anciano de malas pulgas, me acerque a el y sin mirarlo le puse un babero y me instale a darle comida, el me respondio con una mirada de sumision, le di comida y el comia, ningun problema, finiquite mi tarea, deje el pote de papilla sobre la mesa y en ese momento el me cojio del brazo, y me devolvio el gesto que antes habia rechazado cojiendome la mano y aprentandomela con su mayor entrega, me emocione y envolvi su mano entre las mias mirandolo y tratando de hacerle entender con la mirada que mis intenciones no eran nada mas que intenciones buenas y humildes, por sus ojos note que entendio, era hora de partir me despedi de todos partiendo por el.
La vuelta fue una meditacion, estaba completamente ensimismado en mi interior y no pensaba en nada mas que la impotencia que subia por mi pecho, por no poder hacer nada al respecto, no poder cambiar esa pobreza extrema que impide que ancianos como el que conocì, puedan estar en armonia con la vida. Me toco, aprendi y la verdad valoro mucho el trabajo de la institucion cristiana.
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